La Escuela Blume en el CAR de León, cantera del golf español

La Escuela Blume en el CAR de León, cantera del golf español

El programa de la Escuela Nacional Blume de Golf acoge en León a ocho jóvenes promesas de este deporte. Les proporciona un entrenamiento de alto rendimiento que les lleve a la excelencia y les permita seguir progresando en su sueño de alcanzar el profesionalismo.

El golf no es un deporte que se suela asociar a un contexto de alto rendimiento deportivo. Desde fuera puede parecer una disciplina poco física, con un ritmo de juego bajo y la concentración y la precisión como cualidades más decisivas. Pero entre bambalinas esconde un entrenamiento físico y técnico mucho más complicado de lo que aparenta. Esa complejidad solo se percibe cuando uno empuña un palo y se enfrenta a los 500 metros que puede tener un hoyo de par 5.

Es entonces cuando se evidencia que para poder competir al máximo nivel en golf se necesita un entrenamiento tan planificado como en cualquier otro deporte. Por eso la Real Federación Española de Golf escogió el CAR de León para ampliar su cantera. En la capital leonesa funciona desde entonces el segundo núcleo de entrenamiento de la Escuela Nacional Blume de Golf, centro que lleva más de cuatro décadas en Madrid formando a los mejores jugadores de nuestro país.

EL INICIO DEL CAMINO HACIA EL PROFESIONALISMO

De esta manera confluyen las mejores instalaciones y el mejor cuerpo técnico posible para trabajar con una selección de talentos de categoría Boy y Girl (17 y 18 años), provenientes de cinco comunidades autónomas. Seis chicos y dos chicas que, sin excepción, aspiran a llegar al circuito profesional y vivir de un deporte que para ellos ya es su pasión.

El nivel competitivo que han alcanzado exige un escalón más en su preparación. Durante los dos años que permanecen en el programa, viven por y para el golf. Empiezan a entrenar como profesionales, pero sin ser profesionales. Y a lo largo de la temporada compiten en torneos nacionales o internacionales en una categoría superior a la que les correspondería por su edad.

La estancia en León les supone, en la mayoría de los casos, triplicar el tiempo dedicado a su deporte. Entrenan de lunes a sábado y acumulan 30 horas semanales de preparación, de las cuales dos tercios son en el campo del León Club de Golf. Ahí trabajan a las órdenes de Alberto Díaz y Jorge García la técnica de todas las facetas del juego. Además, dos días por semana estudian y practican estrategia a pie de hoyo y analizan el juego de las competiciones en las que han participado.

Pero igual de destacable es el aumento de horas dedicadas al trabajo físico que realizan en las instalaciones del CAR de León. Dado que un jugador profesional tiene que ser capaz de lanzar la bola a 200 metros en el drive de salida, el trabajo de fuerza es uno de los pilares de la planificación. Y también dedican tanto o más tiempo a la propiocepción y el control del cuerpo, esencial para desarrollar diferentes golpes con cada palo. Un detalle del que solo se capta la importancia al ver el ejemplo de Phil Mickelson, uno de los mejores golfistas de los últimos años: asegura que tiene más de 30 golpeos y trayectorias con un palo como el Sand. Y cada uno sirve para resolver una situación diferente de juego.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ENTRENAMIENTO FÍSICO COMO BASE DEL RENDIMIENTO

El ejemplo anterior muestra cómo los componentes físico y técnico tienen que fundirse para resolver lo que es un problema biomecánico: ser capaz de mover los músculos de la manera adecuada para que el golpeo sea como el jugador necesita. Por eso estos chicos y chicas dedican cada día dos horas a una preparación física específica centrada en el trabajo de fuerza, la movilidad y la estabilidad. Es el requisito para elevar su nivel de juego.

El objetivo principal de la planificación en la parcela física es construir una estructura corporal y muscular que soporte golpeos al máximo nivel de fuerza, en palabras de Juan Carlos Redondo, su preparador físico. Esto implica trabajar mucho la descompensación muscular que provoca una técnica tan asimétrica como la del golf. Y también dar mucha importancia al tren inferior, la parte menos móvil en el juego pero no por ello menos importante, que llega a acaparar más de la mitad de la planificación de la temporada en los jugadores de primer año.

La preparación tampoco olvida que para que la fuerza y la técnica logren el máximo rendimiento, el cuerpo debe tener una estabilidad que impida la pérdida de dicha energía. Por eso la Escuela Nacional Blume trabaja esta parcela con un entrenamiento basado en el método TPI (Titleist Performance Institute), centro de referencia mundial en el desarrollo de jugadores de golf. Cada golfista entrena todos los días unas rutinas personalizadas de estabilización, flexibilidad y movilización de segmentos corporales. Gracias a ello consiguen una transferencia directa del entrenamiento de fuerza a la técnica de golpeo y desarrollan su esquema y control corporal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA FORMACIÓN INTEGRAL, CLAVE PARA SU FUTURO

La filosofía de trabajo que el CAR y la Real Federación Española de Golf comparten es la de formar todos los planos de la persona. Por eso no olvidan la dimensión psicológica y social, que se convierten en el remate a la preparación de alto rendimiento que ofrecen a los jugadores.

Óscar del Río, psicólogo de la Real Federación Española de Golf y José Lombo, psicólogo del CAR de León, coordinan el apartado psicológico a través de sesiones tanto grupales como individuales, según las necesidades de cada jugador. Su entrenamiento mental se centra en aprender a afrontar las situaciones de presión más habituales en la competición, a gestionar el estrés de forma positiva y a desarrollar técnicas de práctica imaginada y visualización del movimiento.

Además, el hecho de convivir en el Colegio Leonés donde estudian y están alojados, convierte lo que es un deporte individual en una actividad de equipo. Esto añade un plus que los entrenadores tienen que orientar a nivel de relaciones interpersonales. Es importante que incidan en el aspecto cooperativo y las ventajas que tiene el poder aprender unos de otros. Solo ellos son los que provocan que una mejor clasificación de un compañero no sea un motivo de envidia sino una oportunidad. Por suerte, según Alberto Díez, uno de sus entrenadores, son chicos con un nivel de madurez y responsabilidad por encima de la media y aceptan muy bien sus planteamientos.

Gracias a esa madurez es a lo que sale adelante un programa como este.  Son los primeros que saben que la formación extradeportiva es fundamental para alcanzar su sueño. Por eso son capaces de hacer malabarismos para afrontar cada semana de estudio y cada trimestre escolar y llegar a la universidad con un buen expediente. En ese momento, el golf y los estudios formarán un currículum inmejorable que les abrirá las puertas de las mejores universidades estadounidenses, las cuales ofrecen becas al noventa por ciento de los deportistas que pasan por este programa deportivo.